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miércoles, junio 19, 2024

Ramón Guillermo Aveledo: Primero Justicia, la responsabilidad de un partido

Primero Justicia cumplió veinticuatro años el pasado domingo 3 de marzo, así que, para decirlo como se solía en mi Lara natal, ya anda en los veinticinco, o sea en el cuarto de siglo. Más que mayor de edad, es una colectividad madura. Como a antecesores suyos de otro tiempo, lo fundó un grupo de jóvenes venezolanos. En este caso, su núcleo original proviene de la ONG del mismo nombre. Gente con ganas de hacer historia dispuesta a subir la cuesta de emprender una empresa difícil cuando la moda es el individualismo, la improvisación y la aventura.

PJ se define como centro humanista, lo cual lo ubica en las corrientes del centro reformador que se inspiran en el humanismo integral cuyo centro de gravedad es la persona. Por su estrategia de crecimiento conviven además en su seno diversas sensibilidades, de orientación socialdemócrata y otras más liberales, fenómeno similar al de la Unión de Centro Democrático de Suárez en la transición española. Eso no tiene por qué ser inconveniente insuperable, habiendo comprensión de la realidad nacional e inteligencia política, pues los valores compartidos pesan más que las divergencias propia o aproximadamente ideológicas.

Porque creo en el partido como institución necesaria para la democracia, respeto a los partidos de larga historia y a quienes desafiando la corriente adversa se atreven a empezar uno. Trabajé en promover la unidad de los demócratas y apoyo lo que Omar Barboza hace porque sigo creyendo que en la unidad está la base de su credibilidad nacional e internacional. Así que como militante socialcristiano de la unidad, cuentan con mi simpatía los valientes que se organizan en partidos. Además, en estos años he estrechado con dirigentes a todo nivel, lazos de amistad. Hay en PJ hombres y mujeres que valen mucho y que tienen mucho que dar al país.

Los partidos son los medios naturales para participación política organizada de la ciudadanía. Es fácil e incluso bien visto, criticarlos, pero son insustituibles. De ellos se esperan tres capacidades. La electoral que nos provee de candidatos a los cargos públicos y a éstos de maquinaria para buscar y cuidar los votos. La gubernamental para ofrecernos equipos humanos formados y coherentes, ideas, programas y proyectos para hacer y aptitud para realizarlos. Y la innovadora, que presenta a la sociedad ideas acerca del futuro y nuevas generaciones de aspirantes al liderazgo, para contribuir a la renovación constante del debate nacional y de los rostros que intervienen en él. Este aniversario justiciero puede y debe servir para evaluar cómo está cumpliendo el partido con esas funciones básicas.

Por elemental lealtad a la idea partidista, sigo fiel a la divisa de mi militancia desde la ya lejana juventud, aunque no sea ajeno a la perplejidad colectiva ante los eventos que han minimizado su significación. Enrique Pérez Olivares, ilustre compañero en esas filas, hace tiempo nos advertía de los peligros que para una organización política representaban “las tres C”: caudillismo, clientelismo y corrupción.

El viejo caudillismo tiene expresiones contemporáneas en las versiones personalistas que conciben al partido como el conjunto de seguidores de un jefe y nada más. Diocesillos monoteístas para quienes la discrepancia es traición. Antes, ahora y siempre, clientelismo es asegurarse respaldos a cambio de favores o pagos. Corrupción es el mal uso del poder, las oportunidades y conexiones, para beneficio personal contario al derecho o la ética. De todo eso tenemos todos que cuidarnos siempre.

A los políticos venezolanos se demanda sintonía. Más conexión con la sociedad en general. Más respuestas a los problemas reales. Menos énfasis en el conflicto y más en la solución. Se reclama al gobierno, claro, pero también a la oposición. Esa aspiración social lícita alimentada por la desafección, tiene diversos ingredientes, entre los cuales no pueden descartarse cierto simplismo e inmediatismo impermeables a la comprensión de los efectos de la persecución, el acoso continuados durante dos décadas y media que dificultan la valoración de la política y sus complejidades. Pero no es un invento, es real y aunque exagerado, tampoco es infundado, pues se forma a partir de decepciones por frustración.

Como uno de los pilares naturales de la alternativa, a un partido de la importancia de Primero Justicia incumbe un papel motor en el reencuentro entre la política y los venezolanos, lo cual pasa por que ésta tenga y se le noten, promesas creíbles de futuro, significados para la vida de la gente.

2024 es la oportunidad para el cambio en Venezuela. No podemos desperdiciarla. En la ruta pacífica, democrática, constitucional y electoral firmemente asumida, nuestra candidata María Corina Machado, a quien corresponde legítimamente la responsabilidad de la conducción, no puede estar sola. Requiere apoyo en su acepción de sustento, base, fundamento. Apoyo que no es corte ni barra, sino aporte respetuoso y respetado en el diseño, la organización y la acción.

A María Beatriz y Tomás, como máximos representantes actuales de la dirección justiciera, a Henrique, cuyo liderazgo popular y sensibilidad social tanto valen, al denso Julio injustamente privado del derecho a vivir en la Patria y a todos los líderes nacionales, regionales, municipales, parroquiales, funcionales y de base de Primero Justicia, saludo en un vigésimo cuarto aniversario que sirva para redoblar su utilidad para el cambio que merece el pueblo venezolano.

Ramón Guillermo Aveledo

Tomado de ElImpulso.com

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